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Presentación de "LA NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA"
(Sobre la naturaleza del poema y sus metamorfosis)
No hay crepúsculo en el cortejo del Sol.
S. T. Coleridge
Reunir las voces y tendencias más notorias de la poesía escrita en español puede presentársenos en una visión primigenia como una tarea insoluble, de hecho lo ha sido -no pocas veces- a lo largo del tiempo, sobre todo cuando las compilaciones rozan o invaden los previsibles "ismos" o esos vanos intentos de "objetivizar" la inabarcable riqueza de toda poiésis. Privilegiando la intensidad de los textos por sobre las efímeras modas, el mega-proyecto de "La Nueva Poesía Hispanoamericana", iniciada por Leo Zelada y la Editorial "Lord Byron" de Lima, redescubre una multiplicidad de universos en torno a las verdades y ficciones de la Palabra.
El escritor argentino Manuel Lozano, quien ha sido seleccionado y publicado en las trece ediciones de la Antología "Nueva Poesía Hispanoamericana", escribe en su ensayo "La Caníbal detrás de las Murallas":
...Desde la más antigua sumersión, me asombró el hambre de las palabras, ese hambre húmeda, tensionada, ligada a la omnipresencia de la ferocidad. ¿Pero qué idioma, Bizancio, me llevará a concebir la palabra inocente? (Diario, New York, mayo de 1994).
Desde ese mismo instante inaugural, la ficcionalidad de las metamorfosis del mundo abrirá incontables caminos al simulacro de lo irreal. Los griegos hablaban de “tháumata”, los romanos de “mirabilia”. La escritura, entonces como largo laberinto de intensidades, muestra su corazón doble: tiempo y memoria en duelo circular, memoria y tiempo traicionándose insobornablemente hasta el error, hasta la apotesis del error: el crimen.
¿Quién?
¿Quién el errante que salga de mí
cayendo en los barrancos del mundo
aún antes de haber llegado a su casa?
La perdida corona en el parque, la pérdida
haciendo sombra a todo el abandono
en los lagares de abandono antiquísimo
son ahora guijarros de universo.
(de “La temida verdad del hombre músico”)*
En esta creciente sumatoria e implosión de cronologías, ¿quién puede establecer fronteras entre las máscaras del yo personal y las del universo, desdeñando de antemano para este último categorías axiológicas demasiado evidentes? Ni siquiera para el Sueño avizor de Berkeley (una forma de pesadilla hiperbólica) y sus núcleos de conciencia se satisfacen dichos límites. Cito al Borges de “El Aleph”: “...Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda la palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito sino explícito, y no de un modo progresivo sino inmediato (...) Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo universo.”
Obolos, jardines, frontispicios,
ángeles de yeso, teorías, planeta oscuro,
cuerpos descompuestos, una flor en Birmania,
la voz del criminal que inventa al hombre
que ha de matar, el mismo dolor de la agonía,
un lenguaje del porvenir prescindiendo de las
/letras,
de los comunes lazos que unen la palabra
/y el objeto,
del impreciso objeto.
No hay ojos de dios en este vasto manicomio.
Mi calavera y yo
recorren los caminos del Gran Basural
que es su memoria.
(de “La sed multiplicada”)*
El nombre, objeto por sí mismo, se dirige hacia lo que es pérdida: su fuerza consiste en "su" transcurrir, la acción sucede a pesar de las prohibiciones. Alegoría del viaje -milenaria conciencia de la inmolación de otro idioma-, la palabra invade y transgrede los espacios de un tiempo que necesita imperiosamente ser revivificado. Hecha a imagen y semejanza del hombre, de estos desaforados fragmentos de Hijo de Hombre, busca su pepita ígnea, el centro infatuado. ¿Acaso una plegaria no engendra desde el principio la posibilidad de la herejía o de la satisfacción? ¿Qué es una letanía sino el ápice, el momento epifánico de una miseria? Toda seducción, aun a pesar de sí misma y de sus hijastras, interrogará su naturaleza traidora.
Jorge Luis Borges advirtió que "la literatura es un sueño dirigido, un sueño voluntario", leit motiv que cuadra perfectamente en el diseño de una novísima antología que reúne, suma y testifica el viaje helicoidal de la poiésis. Sin enigma (vale decir sin las rotaciones del universo-pregunta), la poesía parodiaría una mera máscara, una sombra de sombras. Por todo esto, Lozano escribe:
Enarbólate enigma allí donde no puedes,
alli donde no llegas, allí donde no esperas.
Aférrate a la pequeña luz de una puerta en vigilia.
¿No teje la rueca su infierno musical, Hieronymus?
Socava el misterio que esconden estas piedras
y devuélveme -así- a los iluminados bosques.
(de "Entre el rocío, la hojarasca y un panal silvestre")**
El poema va tejiéndose con hilachas desatinadas de viejos tapices, para arrojarse -de cuajo- como arpón hacia el abismo que es la casa.
¿No viste que volvería con el silbo de tu cielo, de tu infierno, es decir de las jaurías que te huelen en ángel y te despiertan basilisco? ¿Tu desvarío fue un milagro? ¡Esta es tu casa, el ojo de la aguja! Tu desvarío será tu milagro.
Entonces se incrusta en mí como forma de respiración: arquitectura en la representación del Teatro Móvil de los Enigmas en que nos sumergimos. ¡Sombras de la vigilia, alimento lustral esta escritura que revela y devora!
Beatitud de carnaval, inclíname los vientos. Confúndelos para que arda hasta el silencio de todo, irremediablemente.
(de "La Rueca Dorada")**
El poema va tejiéndose con hilachas desatinadas de viejos tapices, para arrojarse -de cuajo- como arpón hacia el abismo que es la casa.
¿No viste que volvería con el silbo de tu cielo, de tu infierno, es decir de las jaurías que te huelen en ángel y te despiertan basilisco? ¿Tu desvarío fue un milagro? ¡Esta es tu casa, el ojo de la aguja! Tu desvarío será tu milagro.
Entonces se incrusta en mí como forma de respiración: arquitectura en la representación del Teatro Móvil de los Enigmas en que nos sumergimos. ¡Sombras de la vigilia, alimento lustral esta escritura que revela y devora!
Beatitud de carnaval, inclíname los vientos. Confúndelos para que arda hasta el silencio de todo, irremediablemente.
(de "La Rueca Dorada")**
La poesía escruta el Mysterium Magnum, aquel ojo de la eternidad de Jacob Boehme. Sabe que, al pisar las ínsulas extrañas, no son ajenos los sacrificios ríticos: aquellos donde la sangre asalta a la sangre en el vasto teatro del mundo. Sucede la multiplicación de los elementos. La palabra es una esfinge despiadada. A cada paso, recoge vestigios de la insondable conciencia. Se los traga. Los respira.
Poemas del libro Bizancio bajo las aguas, de M.L. ** Poemas de La Rueca Dorada, de M.L.
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